domingo, 31 de julio de 2011

Verano

Después de casi 4 meses sin escribir por aquí creo que va siendo hora de ponerme con algo...Si no he escrito nada antes ha sido porque,bueno,mi vida ha estado muy ocupada entre las clases,los exámenes,salir etc...pues casi no he tenido tiempo de reflexionar o al menos de pararme a pensar con más o menos profundidad.Ya se sabe como es la enseñanza de este país xD memorizar y memorizar sin reflexionar...pero en fin,ese es otro tema xD y no quiero meterme en cuestiones sociales ni políticas.
Desde mi última entrada hasta ahora las cosas han cambiado bastante.Creo que me he descubierto a mí misma,me he hecho muy fuerte y muy orgullosa,aunque bueno...tolerante también jaja.Pero en fin,que creo que voy encaminada a eso que llaman el amor propio y que,por el momento estoy lograndolo con mucho éxito.
No sé,supongo que será la edad,el paso de los años,las experiencias (sobre todo las malas,sí señor..) y muchas otras cosas que me han conformado tal como soy ahora.De hecho,siempre se dice que cada uno debe ser como es (ojo,tal y como es pero eso implica que sea la mejor versión de ti xD obviamente esa frase no sería aplicable a una personalidad psicópata o con problemas mentales xD)y desde luego me he aplicado esa frase hasta la saciedad.Hay muchísimas cosas que deseo mejorar de mí,cosas que me gustaría aprender a hacer o a sentir y que sé que consiguiré si me lo propongo firmemente,pero luego hay otras que creo que no cambiaría.Porque..a quien le hace daño una persona más o menos habladora,tímida,etc? considerais algo a cambiar? Umm me lo he estado cuestionando durante muchos meses,durante largas noches xD pero he llegado a la conclusión de que,bueno,en ciertos modos hay que esforzarse todo lo que uno más pueda y eso es lo importante,el esfuerzo conlleva sacrificio,pero también frutos (al menos casi siempre) y eso es lo que he estado haciendo,esforzandome a sonreir y a vivir cada uno de estos días sintiendo al máximo cada una de las cosas.Y observando la cantidad de gente que ha estado conmigo a pesar de mi forma de ser,de mies costumbres o de mis cosas "de niña" (como diría alguno que yo me sé,que no te preocupes,no te guardo rencor xD me has hecho aprender a que no todo es lo que parece y a quererme muchísimo,por lo menos algo bueno has hecho) he comprendido que lo más importante es mi esfuerzo y sobre todo mi esfuerzo para ser feliz.
Soy consciente de que tengo la suficiente fortaleza para salir adelante en cualquier tipo de circunstancia,porque todo,esta en la mente.Y,sorpresa xD por arte de magia mi mente se ha convertido practicamente al positivismo.Por arte de magia? Ya me gustaría,se ha convertido (paradojicamente) sufriendo.
Ahora tengo muy en cuenta que la filatronpía empieza por el egoísmo propio,y que lo más importante en este mundo es mi propia felicidad.Sin ella tampoco podría hacer felices a aquellos a quienes quiero y que han estado ahí siempre siempre.
Sobre todo,mis padres.Sé que no son perfectos pero han estado siempre ahi para mí.Cada una de mis muestras de dolor han sido calmadas gracias a ellos.He llorado y querido morirme y ellos han llorado conmigo y me han abrazado.Jamás podré agradecerles todo lo que han hecho y hacen por mí.
En conclusión,quería hacer una entrada un poco recopilatoria y sobre todo,dejar esta moraleja.

"El dolor es inevitable pero el sufrimiento,es opcional"

miércoles, 9 de marzo de 2011

sábado, 8 de enero de 2011

Suicidio

Genial documental del programa Redes.Merece la pena verlo.










sábado, 25 de diciembre de 2010

Desamor

El amor, cuantos recuerdos hermosos nos hace evocar esa palabra mágica...
Aunque para infinidad de personas estos recuerdos van acompañados de terribles momentos de dolor, sensación de fracaso e incluso inseguridad. El amor nos debería hacer felices y debería ser un instrumento para hacernos más completos, en todos los sentidos.

El problema viene cuando nos encontramos ante un fracaso sentimental, o incluso varios. Este tipo de sucesos nos hace, en ocasiones, infravalorarnos y cuestionar nuestra valía (innegable) como personas, lo que comúnmente nos arrastra a una crisis que podríamos denominar "existencial" y que en casos extremos puede desembocar en depresión.
Hay personas que se culpan a sí mismas de estos fracasos de pareja ( recordemos siempre que la pareja son dos, por lo tanto el fracaso no suele ser sólo consecuencia de las acciones de una sola persona), lo que sin duda es un error.

Es imposible describir todos los sentimientos que pueden inundar a una persona que está pasando por ello, porque cada persona es diferente de las demás y, por tanto, estos tipos de ideas son infinitos.

Existen varios modelos que han sido propuestos por investigadores del tema, pero centrándonos en el de Rusbult que explica las razones de los fracasos amorosos quizá consigamos encontrar una explicación a porqué se producen, y el reconocimiento de éste nos ayude a encontrar el camino para superarlo.

Normalmente es un miembro de la pareja el que se da más cuenta de que la relación está empezando a resquebrajarse.
Ante esto, puede tomar dos caminos el activo o el pasivo. No podríamos decir cuál es el más apropiado, porque como ya he dicho anteriormente, cada persona es un mundo.

La decisión más drástica, aunque no por ello la peor consiste en cortar con la relación, esta es una decisión activa negativa; activa porque hace algo pero negativa porque no intenta arreglar las diferencias. Pero hay que tener en cuenta que aunque quizá sea la que más nos duela, hay muchas veces que es el modo más sano de terminar con una relación que nos está destrozando.

Otra opción más positiva es intentar arreglar los problemas que existen en el seno de esa relación; esta decisión es sin duda muy positiva, porque se ve que todavía hay interés en la pareja. Pero hay ocasiones en las que no supone si no una pérdida de tiempo porque quizá ya se ha intentado más veces y no ha funcionado, pero hay verdadero temor a romper con la pareja y se sigue intentando sin acierto.

Dentro de las opciones pasivas está el abandono de la relación esperando que los problemas se vuelvan cada vez peores, esta es una decisión nefasta, es una actitud sumamente cobarde, ya que demuestra lo poco que le interesa su pareja porque no hace nada por arreglar los problemas ni tampoco un intento de terminar con la relación, sino que se mantiene pasivo y sin esperanza, lo que sin duda minará a la pareja sin remedio.

La última opción que nos proporciona este modelo es lo que se denomina lealtad, que consiste en no hacer nada esperando que la relación se recupere por sí misma. Esta es una opción que tampoco es la apropiada porque no intenta solucionar los déficits de esa relación, pero, sin embargo, aunque no sea de la mejor manera posible demuestra que aún hay interés por la pareja, aunque no tenga el valor suficiente para enfrentarse a los problemas cara a cara.

Esta claro que cualquier solución que se tome en este sentido es dolorosa porque acaba con la pareja, pero conociendo los caminos que la llevan a dar por zanjada su relación, es probable que entendamos algo más de esta situación que todos esperamos que nunca nos ocurra, ni como agentes ni como pacientes, porque de igual modo es una situación difícil de afrontar, pero que sin ninguna duda no es un determinante que nos pueda privar de la felicidad que nos espera en el camino que es nuestra vida.


Fuente:www.arturosoria.com

viernes, 3 de diciembre de 2010

martes, 5 de octubre de 2010

Soledad

Psicólogos consideran que alguien está solo cuando no mantiene comunicación con otras personas o cuando percibe que sus relaciones sociales no son satisfactorias.Tres características definen la soledad: es el resultado de relaciones sociales deficientes, constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo; y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.

La soledad, salvo excepciones, es una experiencia indeseada similar a la depresión y la ansiedad. Es distinta del aislamiento social, y refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distingue dos tipos de soledad: la emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad, y la social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. Parece, por otro lado, que la soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones.

Cuando nuestra habilidad para relacionarnos es deficiente, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. En general, las personas con problemas de neurosis se muestran convencidas de que no resultan amables ni dignas de ser apreciadas, y rechazan cualquier tipo de amigos potenciales con el objetivo de protegerse a sí mismos del posible rechazo. La soledad esta muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas significativas en la vida del individuo y con las que se interactúa de forma regular. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios que una soledad ocasional y deseada puede reportar.

Cuando (por separación en la pareja, fallecimiento de un ser querido u otra causa) desaparece de nuestra vida alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio estelar en nuestra cotidianeidad, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío, una nada enmudecida que nos sume en la tristeza y la desesperanza. Hemos de sobrellevar la dolorosa percepción de horfandad, de ausencia de una persona insustituible. Nos vemos perdidos y sin referencias en las que antes nos apoyábamos para afrontar la vida.

Somos seres sociales que necesitamos de los demás para hacernos a nosotros mismos. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera cada día en la interrelación con las personas que nos rodean.

La pérdida es irreemplazable pero no debe ser irreparable. Ese hueco o, mejor, su silueta, quedará ahí pero si nos permitimos sentir la tristeza y nos proponemos superarla a base de confianza en nosotros mismos, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran al menos parcialmente ese déficit de amor que la ausencia del ser querido ha causado. Hemos de intentar que la carencia de esa persona no se convierta en una carencia general de relaciones. Esta soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos bloqueados. Y para generar recursos y habilidades para continuar transitando satisfactoriamente por la vida. Debemos interiorizar y controlar el dolor, sabiéndolo parte inherente a la vida, aprendiendo a no temerlo y a no mantenernos al margen del sufrimiento como si de una debilidad o incapacidad se tratara. Quien sabe salir del dolor está preparado para disfrutarla la plenitud en momentos venideros.

La soledad social

La de quien apenas habla más que con su familia, sus compañeros de trabajo y sus vecinos es una soledad muy común en este mundo nuestro. Nos sentimos incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes nos rodean, tememos miedo que nos hagan o nos rechacen. Plantamos un muro a nuestro alrededor, nos encerramos en nuestra pequeña célula (en ocasiones, incluso unipersonal) y vivimos el vacío que nosotros mismos creamos y que justificamos con planteamientos como "no me entienden", "la gente sólo quiere hacerte daño", "para lo único que les interesas es para sacarte algo", "cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada". Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz. Es una meta difícil y las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este empeño de hacer y mantener amistades, pero merece la pena empeñar lo mejor de nosotros en el intento.

Esa soledad no deseada puede convertirse en angustia, si bien algunos se acostumbran a vivir solos. Se revestirá esta actitud de una apariencia de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez. Y todo, para esconder la inseguridad y el miedo a que no se nos quiera o no se nos respete.

Hay también otras soledades indeseadas, como esas a las que se ven abocadas personas mayores, amas de casa, o quienes muestran una orientación sexual no convencional, o quienes sufren ciertas enfermedades, incapacidades físicas o psicológicas o imperfeccionesestéticas.

Un estado transitorio, nada más

La soledad es una situación que hemos de aspirar a convertir en transitoria y que conviene percibir como no forzosamente traumática. Podemos mutarla en momento de reflexión, de conocernos a fondo y de encontrarnos sinceramente con nuestra propia identidad. Hay un tiempo para comunicarnos con los demás y otro (que necesita de la soledad) para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos. Hemos de "hablar" con nuestros miedos, no podemos ignorarlos ni quedarnos bloqueados por ellos. Es conveniente que, en ocasiones, optemos por la soledad. En suma, equilibremos los momentos en que nos expresamos y atendemos a otros, y los que dedicamos a pensar, en soledad, en nuestras propias cosas.

http://revista.consumer.es/web/es/20011001/interiormente/

sábado, 14 de agosto de 2010

El pánico se alimenta de pánico

El miedo a sufrir angustia genera angustia. Éste es el principal problema de los ataques de ansiedad o crisis de pánico. Afectan con más frecuencia a mujeres y, en general, surgen en la adolescencia o en la primera edad adulta, aunque también es posible que se den más adelante y sin antecedentes previos. Siempre que se vive uno de estos episodios, la ansiedad aumenta hasta el punto de desencadenar síntomas físicos que se asemejan a los de un infarto, aunque no suponen un peligro para la vida de las personas. Las reacciones son tan molestas que el miedo a volver a padecerlos puede ser el desencadenante de nuevas crisis.

En estos momentos las crisis de pánico afectan al 1,5 - 3,5% de la población. Algunos de los factores que predisponen a padecer alguna crisis pueden ser periodos prolongados de estrés o haber sufrido episodios traumáticos. A pesar de que se han detectado componentes hereditarios, y aunque pesen los antecedentes familiares, también es posible que una persona con estos antecedentes nunca sufra estos ataques.

Síntomas físicos asociados

Quien sufre una crisis de pánico percibe una sensación de pérdida de control y de que su vida corre peligro, que se plasma en reacciones físicas. Las más comunes son dificultad para respirar, temblores, dolor o presión en el pecho, palpitaciones, taquicardia, sudoración, mareo, hormigueo en extremidades, náuseas, calambres, entumecimiento o escalofríos.

Causas de una crisis

No se puede mencionar una sola causa que explique por qué aparece una crisis de pánico, aunque sí se ha demostrado que las personas con un carácter propenso a la ansiedad y a la tensión son más susceptibles de sufrir este cuadro. Estas crisis no dejan de ser reacciones normales del organismo ante la ansiedad, aunque con una intensidad por encima de lo normal.

De hecho, quienes han sufrido alguna crisis no identifican con facilidad la causa. Son personas capaces de seguir su vida cotidiana de forma normal, con un nivel de estrés elevado pero latente, sin que se tenga conciencia de que el organismo se encuentra cerca de desarrollar los síntomas. Por este motivo las crisis pueden aparecer en situaciones cotidianas y tranquilas en apariencia en las que el estrés no ha aumentado de forma brusca, pero sí lo suficiente para que el organismo reaccione.

Las crisis de pánico guardan relación con la sensación de miedo: un individuo con una personalidad ansiosa que anticipe situaciones desagradables mantendrá la sensación de miedo. Aunque irracionales, estos miedos mantienen a la persona en alerta constante. Y si, además, se tiene un carácter obsesivo, las posibilidades de sufrir alguna crisis de angustia son mayores. Los pensamientos obsesivos suelen acabar distorsionándose de tal forma que pueden llegar a generar dos tipos de miedo: el miedo a perder el control y el miedo a morir. Ambos son tan intensos que pueden desembocar con facilidad en una crisis.

Los síntomas físicos de una crisis de angustia son tan molestos que el simple hecho de anticiparlos puede causar la misma crisis. Una atención excesiva a este tipo de reacciones corporales puede generar un temor irracional a sufrir otro ataque que activará el sistema nervioso y provocará un aumento de la tensión muscular, del ritmo respiratorio y del cardíaco. El oxígeno llegará de forma irregular al organismo, lo que puede traducirse en desorientación y mareo, y se desencadenará la crisis de pánico que, aunque de forma involuntaria, será autoinducida.

Las personas que anticipan la aparición de nuevos episodios corren el riesgo de evitar de manera patológica exponerse a situaciones ansiosas o lugares donde se sufrieron crisis anteriores, hasta el punto de que pueden padecer agorafobia, acepción que define a una persona que no es capaz de salir de casa para evitar exponerse a una nueva crisis.


Fuente: Eroski consumer.